EXPOSICIÓN ACTUAL

ERIC PAUWELS

Eric Pauwels nació en Amberes en 1953. Apasionado del cine y de la antropología, cursó en la Sorbona un doctorado impartido por Jean Rouch, que le influyó decisivamente. Su trabajo parte de la filmación de la danza a través de documentales etnográficos, trabajo continuado después con colaboraciones con bailarines. La realización de la Trilogía de la cabaña (Lettre d’un cinéaste à sa fille, 2000; Les Films rêvés, 2010; y La Deuxième Nuit, 2016) le lleva a la forma más íntima del diario filmado. Durante años ha compaginado la realización cinematográfica con la docencia en la escuela de cine INSAS (l´Institut National Supérieur des Arts du Spectacle).

La segunda noche

(La Deuxième Nuit)

Realización: Eric Pauwels
Bélgica | 2016 | 75 minutos | Super 8 mm / 16 mm / HD
Al morir su madre, un cineasta realiza una película para ver hasta qué punto esa desaparición ha cambiado su visión del mundo. Es la ocasión para él de rememorar la relación que tuvo con ella: una relación que hizo de él un individuo libre, en tanto que hombre y en tanto que cineasta.

GUILLERMO G. PEYDRÓ

COMISARIO DE LA MUESTRA

LA DEUXIÈME NUIT

«Sólo en el cine se puede mirar a la cara al sol y a la muerte», dice Eric Pauwels al inicio de La segunda noche. Esa segunda noche aludida en el título es la noche de la separación; la noche en que el recién nacido es separado de la madre por primera vez, después del parto. Entonces, dice Pauwels, la muerte de la madre sería una segunda “segunda noche”; la de la separación definitiva. Cuando ello ocurre, finalmente, el cineasta diseña un espacio fílmico hecho de imágenes, recuerdos, lecturas y sonidos en el que convocar la memoria de la madre amada. La madre a cuyo lado descubrió el cine durante las vacaciones de verano en la costa flamenca (Chaplin, Keaton); la madre a la que vio llorar, mudo, en una habitación de París, para más tarde comprender que ese silencio es el que le hizo cineasta. «No conservo objetos de mi madre; ella era el universo, el universo en su totalidad.» 

Pauwels culmina con esta elegía luminosa su tríptico de la Trilogía de la Cabaña. Lo hace con un negativo explícito de la primera parte, Carta de un cineasta a su hija, película escrita «en futuro»  que terminaba con la afirmación de que la muerte no existe, porque la memoria colectiva; aquí, ahora, en su reverso, la muerte está en cada plano. Esta tercera parte enlaza con los procedimientos de sus dos películas anteriores: el hacerse siempre cargo de la cámara («no delegaría en nadie el placer de mirar el mundo», dice en una entrevista con Arnaud Hee), el contar siempre con el mismo montador, Rudi Maerten, y el trabajo con la textura múltiple, 8 mm, Super 8, 16 mm, 35 mm, digital, blanco y negro, color. El rodaje de La segunda noche duró un año, seguido de tres meses de montaje. Según el cineasta, es la película más literaria de las tres, con textos escritos en su mayoría con anterioridad a la entrada en el montaje, a diferencia de las dos películas anteriores. Sobre ello, Pauwels comenta el desconcierto al releer el texto que había escrito: en un comentario en off donde siempre se refería a su madre en tercera persona («elle»), se encontró de pronto con un giro inconsciente y progresivo hacia la segunda («tu»), dirigiéndose a ella como si aún siguiese viva. Ese giro se mantiene en la locución final; el cineasta asume la contradicción.

El tema principal del film, le dice Pauwels a Arnaud Hee, es comprender y precisar el cambio operado en la forma de mirar el mundo: saber cómo mirará y cómo hará cine después de la muerte de su madre. Quizá no habrá una enorme diferencia, dice, pero sí un ligero pivotar sobre sí mismo, que hace que todos miremos el mundo, el universo, que filmemos de forma ligeramente diferente tras la muerte del ser querido. En una entrevista durante el festival Documenta Madrid, en 2017, le pregunté a Pauwels por la relación entre el cine y el proceso de duelo. Me dijo: «para alguien que sabe escribir, esculpir, pintar, hacer cine, el hecho de poder dar forma, sea la que sea, a su sufrimiento, le permite tomar distancia respecto a ese sufrimiento; y creo que esto es extremadamente importante. (…) en el cine hay una posibilidad de compartir el duelo que es extremadamente poderosa, porque el cine es un arte “psicológico”, de identificación con la gran imagen que tenemos frente a nosotros. Creo que esta manera de trabajar el acto de compartir, en el cine, es una forma de superar el duelo.»

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